La paradoja de la relación México-EU: Vendemos guacamole para comprar totopos

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CIUDAD DE MÉXICO.- Conforme las comunidades mexicanas fueron integrándose a la cultura del norte e hicieron del Súper Tazón una tradición, el guacamole se expandió como la botana favorita de esa fecha. Sus implicaciones sobre la estructura agrícola comercial mexicana han sido dramáticas.

México tuvo un viaje lento y accidentado hacia su industrialización,
hacia una economía moderna. Por siglos el país fue una economía agrícola
y minera. Pero desde hace ya varias décadas la agricultura dejó de ser
un sector de peso relevante en el total de la economía.

Como porcentaje del total, la agricultura no representa más del dos por ciento de la economía nacional. Cierto,
vastas zonas del país aún siguen dependiendo de ésta para subsistir y
crecer, pero a nivel agregado la agricultura no pesa como lo hacía hace
un siglo. Sin embargo, es importante ver cómo en términos del sector
exportador, la agricultura levanta varias veces su propio peso.

Si bien no alcanza a ser más del dos por ciento del PIB, las
exportaciones agrícolas representan entre el cuatro y el cinco por
ciento de las exportaciones totales,
dependiendo por supuesto de los precios en los mercados internacionales.

Un sector que pesa el doble en las exportaciones de lo que pesó en la
economía, podría calificarse como un sector bastante exitoso en
términos de su competitividad en el mercado global. La agricultura
mexicana ha evolucionado en los últimos años hacia un modelo muy similar
al que David Ricardo, uno de los fundadores de la economía, predijo que
el comercio internacional convergería.

La actual estructura es una ilustración muy clara de que ese
principio enunciado por Ricardo, el de las ventajas comparativas, es un
inventivo muy poderoso para articular las economías. Las ventajas
comparativas son un principio bastante sencillas. Dos países que
comercian acabarán especializándose en producir aquello en lo que son
mejores haciendo.

Venderán aquél producto en donde tienen ventajas comparativas, y
comprarán al otro país los bienes en donde aquél es más competitivo. Al
especializarse ambos en lo que mejor hacen, hay una ganancia de
eficiencia para el conjunto del comercio.

¿Cómo se integra México al comercio internacional de alimentos? Los datos y sus ilustraciones son contundentes: el
mayor producto de exportación de México es el aguacate, un producto
cuyo sabor, textura, maleabilidad y sofisticación lo han convertido en
uno de los alimentos de moda en todo el mundo,
al punto que
México, que solía ser hasta hace poco casi el único productor y
exportador, está viendo ya la competencia de otros productores, como
Perú y Chile (en donde se conoce como “palta”) en los mercados
internacionales.

Y aunque, chauvinismo aparte, la palta no alcanza las alturas del
aguacate, los nuevos productores tienen ya una parte creciente del
mercado mundial del guacamole.

El aguacate mexicano no es el único usado para satisfacer la enorme
demanda por guacamole el día del Súper Tazón, ni el resto de los días,
pues iniciando como un aderezo de ese día en especial, el guacamole está de moda en todo el mundo.



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